El traductor indiscreto

Cataluña a ojos de los francófonos


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RECETA DE UNA CAMPAÑA INDEPENDENTISTA A LA CATALANA

Laura Guien / 21 de septiembre de 2015 / Bakchich

En su camino hacia la separación de España, los independentistas catalanes presentan las últimas tendencias en marketing político. Receta y truquillos.

En España, el conflicto entre los independentistas catalanes y el gobierno central avanza sin novedades. Como todos recuerdan, el 9 de noviembre del 2014, en un contexto internacional fuertemente marcado por el referéndum escocés, el actual presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas (CDC), convocó un referéndum con el objetivo de que los catalanes opinaran sobre la independencia. Una votación que fue inmediatamente calificada de ilegal por el gobierno central, lo que no impidió que 2 millones de catalanes se movilizaran y se declararan masivamente a favor del sí (80 %). Enardecido por la participación, el presidente Mas no tardó en convocar unas elecciones regionales plebiscitarias con el fin de que el voto a favor de los partidos independentistas sea interpretado como un voto a favor de la independencia, eludiendo de este modo la prohibición impuesta desde Madrid. Así pues, las elecciones autonómicas catalanas del 27 de setiembre del 2015 se han convertido en un “referéndum disfrazado”, una consulta que los catalanes vienen reclamando desde 2012. Para la ocasión, el presidente hace campaña junto a su aliado y rival, Oriol Junqueras (ERC), en una candidatura independentista con el apoyo de la sociedad civil y bajo el solemne nombre de “Junts pel Sí” (Juntos por el Sí). Artur Mas ha afirmado que en caso de sacar mayoría quiere optar por una declaración unilateral de independencia, y ha establecido un plazo preciso para alcanzar este objetivo: 18 meses. Una postura que irrita al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y con razón: Cataluña es el motor de la economía española, representa un 19 % del PIB nacional y supone el 25 % de las exportaciones. Un argumento económico fuertemente subrayado por los independentistas, que creen en una Cataluña independiente viable económicamente, siguiendo los modelos de Noruega o Dinamarca.

Al igual que Cataluña con España, ¿tú también quieres salir de una relación tóxica de interdependencia (con tu jefe, tus hijos, la pizza y/o las Oreo)? Aquí tienes la receta para lograr una buena campaña independentista a la catalana.

Despolitízate y apóyate a fondo en la sociedad civil

La primera regla importante para conseguir la independencia: despolitizar la campaña. Un argumento que los independentistas de “Junts pel Sí” han pillado a la perfección con su lista común en la que los políticos comparten cartel con Pep Guardiola y Lluís Llach. “Presentarse de esta manera da la impresión de estar realmente ante un movimiento de unidad nacional, cuando en realidad no están en absoluto de acuerdo en el ámbito político”, plantea el historiador Benoît Pellistrandi.

Para Florian Silnicky, fundador del gabinete de crisis LaFrenchCom, esta candidatura despolitizada de cara al público aplica otra estrategia electoral: “Se trata de implicar a gente que ya cuenta con una comunidad de seguidores. Lo que está en juego es el impacto del mensaje junto con la visibilidad social y la notoriedad mediática. El apoyo de famosos no lo es todo, pero puede contribuir a consolidar la opinión y a crear la emoción necesaria para que una campaña política tenga éxito”. Con una participación tan alta, una campaña independentista también debe apoyarse sin contemplaciones en la sociedad civil. En este sentido, los independentistas catalanes son todos unos expertos. La última demostración de esta tendencia es la operación “Tots som candidats” (Todos somos candidatos), llevada a cabo por “Junts pel Sí” en motivo de las autonómicas. ¿Pero con qué fin? Incitar a cada uno de los simpatizantes a registrarse como “candidatos simbólicos” en la página web de la lista común para mostrar su apoyo. No sería algo malintencionado a primera vista, excepto que para completar la inscripción, además de dar todos tus datos y una foto, también es obligatorio dar el DNI para evitar contabilizar erróneamente los candidatos. Una intrusión grave en la vida privada que parece que no ha echado atrás a los más de 100.000 candidatos inscritos.

Un acontecimiento visualmente muy potente

En realidad, la lista unitaria trabaja su imagen a varias escalas. Lo que nos permite insistir en una tercera lección instructiva de los catalanes: producir acontecimientos visualmente potentes. A las más de 100.000 caras colgadas en Internet, se le añaden regularmente imágenes muy vistosas. Desde 2012, con una ostentación que haría que David Guetta pareciese el disyóquey de una discomóvil, los independentistas organizan manifestaciones con una escenografía aérea muy currada en ocasión de la Diada, la fiesta nacional catalana. Para la edición de 2013, formaron una cadena humana de más de 400 kilómetros (sí, 400) a través de Cataluña. En 2014, la manifestación tomó la forma de una V gigante en las calles de Barcelona. Finalmente, en 2015 la organización ha vuelto a lograr su imagen simbólica al congregar cerca de 1,5 millones de participantes en la capital catalana, a lo largo de 5 kilómetros de la avenida Meridiana. En cada ocasión, la imagen simbólica permite respaldar, también de forma visual, la idea de una mayoría aplastante a favor de la independencia. Esta iconografía no tendría sentido si no se llevara a cabo en un contexto histórico hecho a medida. Desde la Diada hasta la fecha de la votación, todos los actos del bando independentista han sido celebrados como históricos por sus instigadores. Una actitud que se inscribe en una tradición catalana “de búsqueda sistemática de un precedente histórico que dé legitimidad a las acciones futuras”, cuenta Cyril Trépier, geógrafo e investigador del Instituto Francés de Geopolítica de la Universidad Paris VII. Para este autor de Géopolitique de l’indépendantisme en Catalogne, que se publicará a finales de 2015: “Desde el día después de la Diada de 2012, que sorprendió por su elevada participación, hemos presenciado un discurso que tendía a mostrar que todos los acontecimientos precedentes habían conducido a la independencia, siguiendo el curso de la historia. Pero no es cierto. Antes de la manifestación, nadie esperaba tanta participación ciudadana”.

La autorreferencia histórica

Aquí tienes el último ingrediente de esta receta de campaña a la catalana: la autorreferencia histórica. Solo falla una cosa. Mientras estás ocupado fabricando mitos a medida, podría ser que el mundo real se te eche encima. En 2014, en Cataluña, el descenso de la tasa de paro (-5,7 %) fue más débil que la media nacional (-8,4 %). Los independentistas destacan por su capacidad de crear ilusión, pero parece que no hayan encontrado el ingrediente mágico para luchar contra un testigo indeseado: la realidad. O vete tú a saber… ya lo veremos el 27 de septiembre.

Traducción revisada por Ana Alarcia, Alicia Astorza, Júlia Llàcer, Laura López

Texto original en francés: 

https://www.bakchich.info/international/2015/09/21/comment-reussir-une-campagne-independantiste-a-la-sauce-catalane-64201

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¿Se puede comparar la Cataluña del 2015 con la Irlanda del 1918?

Romaric Godin | 05/08/2015 | La Tribune (adaptado)

En las elecciones británicas de diciembre del 1918, una lista independentista obtenía la mayoría de los escaños irlandeses. Tres años después, nacía el primer Estado irlandés. Este escenario seduce a los soberanistas catalanes, pero ¿son casos comparables?

La voluntad de los partidos soberanistas de convertir las elecciones catalanas en un plebiscito sobre la independencia ha evocado a algunos observadores el precedente histórico de Irlanda. Hay quien compara las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 con las del 14 de diciembre de 1918 en Irlanda. Destacan la capacidad del Sinn Fein, el partido independentista irlandés, de convertir unas elecciones generales británicas en un referéndum para decidir si Irlanda seguiría sometida a Westminster. El éxito de esta lista llevó a la creación de un “Estado libre irlandés” en 1921, que desvinculó casi por completo a los condados católicos irlandeses de Londres.

Un largo intento de asimilación
Así pues, la Irlanda del 1918 sería el modelo de la Cataluña del 2015. ¿Pero hasta qué punto es cierto? Existen varios elementos en común, empezando por la construcción de las “naciones” irlandesas y catalanas. A principios del siglo XX, ya hacía mucho tiempo que Irlanda era británica, pues la conquista había empezado en 1169. Del mismo modo, Cataluña es “española” desde la Edad Media, aunque se debe a un proceso diferente. El condado de Barcelona, surgido del Imperio Carolingio, es la base de la Corona de Aragón, uno de los tres reinos que constituían la monarquía española. No obstante, desde finales del siglo XV, el poder se concentró en Madrid. De la misma forma, en Irlanda, el poder inglés se fortaleció gradualmente. En 1801, se votó en Westminster un Acta de Unión. El parlamento de Dublín fue suprimido e Irlanda pasó a formar parte del Reino Unido. Este Acta de Unión no es muy distinto a la supresión de libertades y derechos que se dio en Cataluña después de que las tropas del Rey de España, sobrino de Luís XIV de Francia, tomaran Barcelona el 11 de septiembre de 1714. A partir de entonces, Cataluña pasó a ser cada vez más española, al igual que Irlanda era cada vez más inglesa.

Un particularismo persistente
A pesar de todo, en ninguno de los dos casos se ha extinguido el sentimiento particularista, aunque se ha basado en motivos diferentes. Los irlandeses abandonaron el gaélico en favor del inglés, pero la religión católica se convirtió en un símbolo de sentimiento nacional que se opuso al protestantismo británico. En Cataluña, donde la religión católica es común con el resto de España, es la lengua la que adoptó desempeñó este papel.

En ambos casos, el elemento social juega un papel importante. En el siglo XIX, Irlanda es la zona más pobre del Reino Unido e incluso de Europa. La Gran Hambruna que tiene lugar entre 1846 y 1848 y la lentitud de las ayudas británicas refuerza la idea de que una Irlanda autónoma sería más “protectora” con su población. La situación es diferente en Cataluña, ya que es una de las zonas más ricas de España, pero también es la región donde el movimiento obrero se desarrolla a más velocidad. Por lo tanto, el movimiento independentista tiende a ser más de izquierdas. Así pues, el partido dominante en Cataluña durante la Segunda República Española (1931-1936) es “Esquerra Republicana de Catalunya”, (ERC).

Durante mucho tiempo una preferencia por la autonomía
Último punto en común: tanto Irlanda como Cataluña se decantan durante mucho tiempo por la vía de la autonomía. A lo largo del siglo XIX, la lucha irlandesa consistió en el restablecimiento de un parlamento en Dublín y en la obtención de una “autonomía” (“Home Rule”). El movimiento independentista es entonces minoritario en la isla celta. En las elecciones de diciembre de 1910, los partidarios del “Home Rule” obtienen 102 escaños frente a los escasos 2 escaños que consiguieron los independentistas.

Esta situación se parece bastante a la de Cataluña. Durante mucho tiempo, los catalanes sintieron un gran apego por España y simplemente estaban a favor de un estatuto de autonomía. Durante la Primera República Española (1871-1873), los catalanes reclaman un estado federal. Ni siquiera después, durante la Segunda República, osaron los líderes de ERC proclamar la independencia. Tras el retorno de la democracia, se impone la estrategia de Jordi Pujol, presidente de Cataluña durante 23 años (1980 a 2003), : un mandato que supone numerosos traspasos de competencias de Madrid a Barcelona en el marco del Estado español. El independentismo, representado entonces por ERC, se mantuvo con resultados electorales bastante modestos (sin superar el 16 % en las elecciones autonómicas).

El auge independentista en Irlanda
En ambos casos, el auge independentista se debe a una cierta incapacidad del poder central para reconocer la voluntad de estos territorios y su originalidad dentro del contexto nacional. Sin embargo, la historia es mucho más violenta en Irlanda que en Cataluña.

La chispa que encendió el sentimiento independentista en la isla celta es el Alzamiento de Pascua de 1916 en Dublín. Activistas nacionalistas armados toman el control de varias instituciones oficiales de la ciudad y proclaman la independencia de “la “República de Irlanda”. El ejército británico interviene violentamente para reprimir esta acción que en aquel momento no contaba con el apoyo de los habitantes de la ciudad. La represión indiscriminada que se le impone al país es lo que cambia rápidamente la opinión popular.

El partido independentista Sinn Fein, hasta entonces marginal, se convierte en la fuerza política irlandesa dominante. La mayoría de irlandeses católicos consideran que ya no es posible permanecer en el Reino Unido y convivir con los británicos. Eamon de Valera, durante un congreso en octubre de 1917, consigue federar a todos los movimientos a favor de la separación de Londres, sin importar su “color” político. Es ese movimiento el que obtiene 74 de los 105 escaños irlandeses (excepto en la provincia de Úlster) en las elecciones generales de diciembre de 1918.

El auge independentista en Cataluña
En Cataluña, aunque el movimiento es menos radical y menos violento, es bastante similar. En 2010, la decisión del Tribunal Constitucional del Estado de no validar el Estatuto catalán de 2006 provocó un fuerte auge independentista. Muchos catalanes también sintieron que ya no resultaba posible permanecer en una España que rechazaba transferir más competencias a su comunidad autónoma. Este sentimiento se intensificó todavía más con la política de austeridad llevada a cabo por el gobierno de Rajoy, que provocó que muchos estimaran que el estado de bienestar solo era posible en el ámbito catalán. Por último, la negativa de Mariano Rajoy a las demandas de evolución de los catalanes, sus bloqueos a los proyectos de un referéndum, consiguieron reforzar un independentismo que hoy por hoy representa al menos al 40 % de los votantes catalanes.

El fenómeno más significativo de esta evolución fue la conversión al independentismo del partido de Jordi Pujol, CDC, que puso fin a su coalición con los democristianos nacionalistas. Su líder, el actual presidente de Cataluña Artur Mas, ha jugado el papel de Eamon de Valera y el 20 de julio de 2015 ha creado una lista única para la independencia, que reagrupa a su partido, más bien centrista, y ERC. Sin embargo, hay una diferencia: la extrema izquierda independentista, la CUP, no se ha unido al movimiento.

La cuestión del irredentismo
Así pues, el paralelismo es sorprendente. Sin embargo, existen algunas diferencias. La situación irlandesa estuvo marcada por el conflicto de Úlster, región habitada mayoritariamente por protestantes que una parte de la población católica consideraba como “colonos”. En Cataluña no se da una situación parecida, ya que el “nacionalismo” es abierto e incluye a castellanohablantes y a españoles llegados desde otras comunidades autónomas. Por lo demás, Cataluña es mayoritariamente castellanohablante y desde el referéndum del 9 de noviembre de 2014 se ha observado que una parte de los no catalanohablantes están a favor de la independencia. Es cierto que algunos independentistas catalanes reivindican la unidad de todos los territorios de habla catalana, los “Països catalans” (Países catalanes), pero no se trata de la posición oficial del movimiento soberanista, que limita claramente su ambición a Cataluña.

La cuestión de la violencia
Otra diferencia: el uso de la violencia. El proceso de independencia irlandés es un proceso violento. La historia de la ocupación inglesa en Irlanda es una historia de levantamientos armados reprimidos. En gran parte, es esta lucha lo que hizo inevitable la ruptura con Londres.

El independentismo catalán también conoció movimientos violentos, especialmente durante el franquismo, pero también en los años 1980 con la organización “Terra Lliure” (Tierra Libre). Pero estos movimientos siempre han sido muy marginales, a diferencia de lo ocurrido en el País Vasco. El independentismo catalán siempre ha sido un movimiento pacífico, comprometido con la legalidad. Es por eso por lo que Artur Mas decidió no hacer del referéndum del 9 de noviembre de 2014 un elemento de ruptura con Madrid, a pesar del triunfo del “sí” a la independencia.

La “Guerra de la Independencia” irlandesa
La victoria del Sinn Fein en 1918 en Irlanda no condujo pacíficamente a la independencia. Es cierto que los diputados del Sinn Fein se reunieron el 21 de enero de 1919 en Dublín para constituir el Dáil, el parlamento irlandés, que reiteró la proclamación de 1916. Esto se parece a lo que desean hacer los catalanes en caso de victoria de la lista unitaria: una proclamación de soberanía. Pero, ¿y después? Los catalanes quieren negociar con Madrid. Los irlandeses por su parte se negaban a negociar con Londres. Y Londres no quería negociar con ellos.

Así pues, la situación degeneró rápidamente. Ese mismo 21 de enero de 1919, se registró un primer ataque del Ejército Republicano Irlandés, el IRA, en el condado de Tipperary. Pronto, las escaramuzas degeneraron en una verdadera guerra, llamada “The Troubles” (Los Disturbios) en Londres. Unos “disturbios” que duraron dos años y que estuvieron plagados de verdaderas atrocidades. Esta “Guerra de la Independencia” contra un Reino Unido desgastado por la Guerra Mundial y la presión de los estadounidenses, influenciados por De Valera, explican que al final Londres aceptara dar a Irlanda una gran autonomía.

Una posible negativa de Madrid a negociar
En caso de victoria el 27 de septiembre, los independentistas catalanes también podrían enfrentarse a dificultades similares. Si los independentistas piden abrir la puerta al diálogo, Madrid podría rechazar tajantemente el proceso separatista. Es la posición de Mariano Rajoy quien declaró poco antes de las elecciones que “Cataluña nunca se independizará”. En caso de victoria del Partido Popular de Rajoy y de una alianza entre este último y Ciudadanos, partido procedente del unionismo catalán, en las elecciones de noviembre, se corre el riesgo de enfrentarse a un verdadero bloqueo. Sin embargo, incluso un gobierno de izquierdas o centrista podría no aceptar el resultado de las elecciones catalanas, como Londres no aceptó el resultado de la votación de 1918. Así pues, el gobierno de Barcelona deberá escoger una vía. Si decide perseguir la idea de la construcción de un Estado catalán, Madrid podría utilizar el famoso artículo 155 de la Constitución española que permite “adoptar las medidas necesarias para obligar a una comunidad autónoma al cumplimiento de sus obligaciones”, especialmente cuando una de estas comunidades “actúa de forma que atente gravemente al interés general de España.”

¿Cómo responder a un bloqueo de Madrid?
En ese caso ¿cómo se debería responder? ¿Mediante la secesión, como prometen los independentistas? Pero entonces, si realmente Madrid responde con el uso de la fuerza para impedir esta secesión ¿qué sucederá? De manera irremediable, la pregunta que se planteó a los independentistas irlandeses de 1919 a 1923 se planteará a los independentistas catalanes. ¿Será necesario responder a la fuerza por la fuerza para obligar a Madrid a negociar, a riesgo de hacer perder popularidad a la causa? ¿Será necesario llegar a un acuerdo? ¿Habrá que permanecer dentro de la legalidad española? ¿Cómo apelar a la solidaridad internacional mientras que, como en el caso de la Irlanda de 1919, los grandes países europeos observan con desconfianza el movimiento catalán? ¿Podrá o sabrá la Unión Europea actuar como mediadora? Definitivamente, el caso irlandés es un caso útil para la reflexión a que se deben entregar los independentistas catalanes.

Traducción revisada por Ana Alarcia, Alicia Astorza, Júlia Llàcer, Laura López

Texto original en francés: 

http://www.latribune.fr/economie/union-europeenne/la-catalogne-de-2015-est-elle-comparable-a-l-irlande-de-1918-496658.html


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España: Cataluña leva el ancla

FRANÇOIS MUSSEAU* | Libreration | 4 de diciembre de 2013

En Sant Vicenç dels Horts, cerca de Barcelona, ya se vive muy lejos de Madrid. En toda Cataluña, favorecido por la crisis, el independentismo va ganando terreno.

Es un día de fiesta en esta pequeña ciudad dormitorio de 28.500 habitantes, a unos veinte kilómetros al noroeste de Barcelona. El correllengua es una iniciativa anual del colectivo ciudadano Coordinadora d’Associacions per la Llengua Catalana (CAL), que lleva de ciudad en ciudad una llama, símbolo de la “resistencia cultural” catalana. Hacia las 11 de la mañana, bajo un suave sol de otoño, se forma un coro ante la llama para entonar a pleno pulmón “Els Segadors”, el himno nacional catalán, inspirado en una antigua canción popular que hace referencia a los injustos tributos impuestos por Madrid en el siglo XVII.

El himno es el pistoletazo de salida para una serie de festejos que durarán hasta bien entrada la noche: se bailan sardanas, se degustan productos típicos, se erigen los célebres castells, esas torres humanas a las que participan hasta los más pequeños, y según la tradición de los diables, la colla “Àngels diabòlics” pone en marcha un mamut articulado cubierto de lana del cual salen petardos disparados y bajo el cual los más jóvenes se lo pasan en grande y bailan y dan gritos. En un ambiente campestre que puede evocar a las películas del famoso director francés Jacques Tati, descubrimos un concentrado de la cultura popular catalana. Sin embargo, a pesar del ambiente de fiesta mayor, las actividades se viven con intensidad y disciplina.

“España, el resto de España, parece lejano, ¿verdad?”, comenta Imma Prats, concejala de cultura. En la voz de esta joven morena suena la satisfacción de haber superado el reto de “catalanizar” el municipio. Nada que ver con las provincias de Lleida o Girona, donde esa cultura milenaria está muy arraigada: la ciudad de Sant Vicenç dels Horts, con sus edificios feos y deteriorados de los años 60, sin apenas patrimonio histórico, acorralada entre una autovía, una nacional y una vía de ferrocarril, es característica del cinturón, una gran área alrededor de Barcelona habitada mayoritariamente por personas que emigraron hace tres o cuatro décadas del sur de España. Así, un 70% de sus habitantes habla castellano y, en el mejor de los casos, chapurrean algo de catalán.

“Desde el Ayuntamiento se ofrecen cursos de lengua”, continua Imma Prats. “La inmersión cultural lleva tiempo; hemos bregado muchos años y ese trabajo da sus frutos”. Prueba de ello es que, después de treinta años de dominio socialista, contrario a la independencia, el municipio quedó en 2011 en manos de Esquerra Republicana (ERC), un partido que promueve la independencia y que, en coalición con CiU, el partido democristiano que ostenta el gobierno autonómico, ha anunciado un referéndum de autodeterminación para el 2014, a pesar de que desde Madrid se haya puesto el grito en el cielo.

Un país que controle su destino”

Esa perspectiva emociona a Montse Siñol e Iván Barquero. De entrada, tienen poco en común. Ella tiene 54 años, trabaja en la administración, es de familia catalanohablante y su padre falleció durante la guerra en el campo de concentración de Argelès. Él tiene 36 años, es técnico en Canon, de origen castellanoandaluz y tiene una madre ultraespañolista. Sin embargo, Montse e Iván comparten un mismo sueño: la independencia. Ambos viven “en catalán”: la radio (Rac 1 o Catalunya Ràdio), la tele (TV3), las lecturas, las actividades culturales… Ambos se congratulan porque las plazas de toros de la cuidad no se usen desde la prohibición de las corridas —según ellos, un símbolo de la “España rancia”— decretada por el parlamento catalán en 2010. Pero eso ya no les basta, quieren emanciparse completamente del resto del país, “vivir en una Cataluña soberana” (Iván), “en un país que controle su destino” (Montse). Ambos están en el paro desde hace poco y creen que así mejorará su situación. “En Cataluña, se hacen mejor las cosas, con más seriedad”, insiste Iván. “Lo llevo percibiendo desde la escuela. Además, nuestra cultura es diferente, más flexible, menos limitada, menos agresiva. De verdad, lo mejor es divorciarse y después ser buenos vecinos”.

Ellos dan vida a la rama local de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Sant Vicenç dels Horts, un colectivo separatista que cuenta con 40 miembros y 200 simpatizantes. No está nada mal para una organización nacida en marzo de 2012. A nivel de Cataluña es ya un colectivo considerable, con más de 50.000 socios de los cuales 20.000 tienen derecho a voto, y 600 asambleas locales —es decir, presente en dos tercios de los municipios catalanes—. Ningún socio de la ANC puede ocupar ningún cargo en ningún partido político y la independencia económica de la asociación es absoluta gracias a las aportaciones de los socios y también al merchandising. La ANC aspira a ser un movimiento ciudadano, transversal —hay representantes de casi todas las profesiones— y sin afinidad política. Una especie de vanguardia de la lucha independentista en una sociedad que, desde hace mucho, se caracteriza por una militancia activa.

Ahí reside la singularidad del movimiento separatista catalán: a diferencia de lo que ocurre en Quebec o Escocia (que se ven desde Barcelona como los modelos principales), aquí la sociedad civil tiene más peso que los líderes políticos. “Nosotros vamos varios pasos por delante. Sin nosotros, la llama independentista se habría extinguido hace mucho”, asegura Jaume Marfany, que trabaja en el Consorci per a la Normalització Lingüística y es uno de los hombres fuertes de la ANC. Nos recibe en su sede de 2.000m2 en Barcelona, cerca de la Sagrada Familia. “Nuestro movimiento no tiene equivalente en ningún otro lugar. A nivel europeo es, sin duda, el proyecto colectivo que suscita más entusiasmo. Y eso en plena crisis económica”.

En los últimos años, la sociedad catalana se ha ido distanciando considerablemente de Madrid. Según una reciente sondeo de la Generalitat (el ejecutivo de la región), el 54,7 % de los 7,5 millones de habitantes de Cataluña están a favor de la independencia (frente a un tercio en 2005) y el 80 % aprueban la realización de una consulta. El desencadenante principal de todo esto fue la enorme manifestación de protesta de julio de 2010 en Barcelona, después de que el Tribunal Constitucional redujese a la nada el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña. Un terreno fértil, arado por la crisis económica, que ha hecho germinar a la ANC.

En 2012, a propósito de la Diada, la “fiesta nacional” del 11 de septiembre, la ANC organizó una marcha multitudinaria que obligó al presidente autonómico, el nacionalista Artur Mas, a prometer una consulta. Y lo mismo ocurrió en la Diada de este año con la organización de la Vía Catalana, una impresionante cadena humana que atravesaba Cataluña de punta a punta, desde los Pirineos hasta Tarragona.

“Hace trescientos años que intentamos encontrar nuestro sitio dentro de España”, dice Jaume Marfany. “Lo hemos intentado todo, de forma tolerante y constructiva, pero no hay manera. Ha llegado el momento de decir ‘basta’”. Las protestas son, sobre todo, de orden económico. Según los independentistas, el sistema español de financiación perjudica a Cataluña, la región más dinámica, dado que aporta un cuarto del PIB español, y puede implicar una pérdida de 16.000 millones de euros al año. Desde Madrid se reduce esta cifra a la mitad.

Que el Gobierno central haya invertido poco aquí aumenta el malestar: las autovías son de pago, mientras que son gratuitas en el resto de España, a excepción del País Vasco; las infraestructuras, vetustas; el aeropuerto de El Prat, abandonado a pesar de estar más concurrido que Barajas, el de la capital; el corredor mediterráneo, sin desarrollar; el centralismo de Madrid… “Todo esto no son más que barbaridades. Un ejemplo: muchas veces un coche fabricado aquí tiene que pasar por Castilla para poder venderse. ¿Cómo puede un país marginar a su región más fuerte?”, exclama Oriol Junqueras, líder de ERC y alcalde de Sant Vicenç.

Un “nacionalismo obligatorio”

Ricard Rosenfeld, un farmacéutico de origen germanohúngaro criado en un entorno franquista, se ha sumado a las protestas nacionalistas. No cesa en su enfado por la reciente ley que destrona el catalán como lengua vehicular en la escuela en pro del castellano: “Es un atentado a nuestra libertad, a nuestra cultura”. Su hija Anna, que no se ha perdido ni una sola manifestación de la ANC, abunda en la misma opinión: “Madrid nos obliga a justificar el hecho de hablar otra lengua. Algunos me preguntan incluso si hablo catalán por la calle. ¡Pero si es mi lengua, mi riqueza; no han entendido nada!”

Desde luego, no toda Cataluña apoya la gran oleada independentista. Más allá de las dos formaciones políticas “españolistas”, el Partido Popular y el Partido Socialista, la formación Ciutadans, que ha ganado apoyos y tiene 9 diputados en el parlamento autonómico, es una muestra de que mucha gente manifiesta su rechazo al independentismo. Ese es el caso del profesor de derecho constitucional Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Ciutadans: “Aquí vivimos bajo el reinado de una especie de nacionalismo obligatorio y de una presión mediática que quieren hacernos pensar de la misma forma y proclaman para Cataluña el ridículo e infundado estatus de víctima”.

De vuelta en Sant Vicenç dels Horts. Allí el espectacular ascenso del separatismo no es tanto una cuestión de lengua, ya que casi tres cuartas partes de su población no hablan catalán, sino que está sobre todo relacionado con el miedo al futuro, en un momento en que la tasa de paro ha alcanzado el 23 %. Cada vez hay más desconfianza en el Gobierno central, considerado ineficaz, y se apuesta por una nación catalana, que se percibe como más cercana y capaz.

Hijo de emigrados andaluces, afable y locuaz, Manolo García, de 49 años, se siente plenamente español, le apasiona el Real Madrid, no habla ni una palabra de catalán y nunca había prestado oídos a los cantos de sirena independentistas. Pero en 2011 cambió de bando cuando su empresa de fibra óptica, Fercable, les amenazó con un ERE a él y a otros 95 trabajadores. “Solo los separatistas se movilizaron para salvarnos y evitar la deslocalización. Y funcionó. Comprendí entonces que la independencia era la única solución para luchar contra la crisis y la globalización”.

*Enviado especial a Sant Vicenç dels Horts y Barcelona

Traducción: Sander De Meyst, Francesca Nicolau, Irene Reig, Marina Renovell, Esther Rodríguez, Sandra Simoncini, Amaya Tejería, Anna Valor, Annelaure Vancutsem, Sofie Yde y Tania Zamorano

Edición: Rita Fortea, David Mallén, Sandra Simoncini y Anna Valor

Texto original en francés:

http://www.liberation.fr/monde/2013/12/04/espagne-la-catalogne-prend-le-large_964176


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¿El independentismo catalán es una cuestión de egoísmo?

ROMARIC GODIN | La Tribune | 14 de noviembre de 2014

El independentismo catalán a veces se observa desde Europa, y sobre todo desde Francia, con recelo, cuando no con hostilidad. A menudo, se lo considera como la consecuencia del “egoísmo” de una región rica que ya no quiere pagar por las regiones más desfavorecidas de España. ¿Está justificada esa impresión?

El déficit fiscal

Parece que sí. Una de las cuestiones importantes en Cataluña es el déficit fiscal de la región, es decir, su contribución neta al presupuesto del resto de España. La comunidad autónoma catalana es una de las más ricas del país y su déficit fiscal es enorme: representa el 8 % del PIB catalán. “Ninguna región en Europa sufre un desequilibrio como ese”, explica Ferran Requejo, profesor de ciencias políticas. Así pues, puede que los catalanes tengan más razones para quejarse que los flamencos o los italianos del norte.

Sin embargo, desde la caída del régimen de Franco hasta 2010, los catalanes nunca habían cuestionado la solidaridad entre comunidades autónomas. Es difícil acusar a los catalanes de ser “egoístas” cuando han aceptado durante mucho tiempo una situación que a muchas regiones (basta con pensar en los ricos Länder alemanes) les hubiese costado mucho aceptar.

El Estatut de 2006

No obstante, con el tiempo, el asunto del gran déficit fiscal acabó por aflorar. Cuando se redactó el nuevo Estatut, a mediados de la década de los 2000, no se trataba, como destaca Ferran Requejo, de romper los lazos de solidaridad, sino de “no ser una más de las diecisiete comunidades autónomas”.

Además, Cataluña podía valerse de un ejemplo: el País Vasco. Después del franquismo, las autoridades de Madrid le dieron a Euskadi un régimen fiscal con amplia autonomía: la agencia tributaria vasca recauda los impuestos vascos y luego paga un “cupo” de estos ingresos al Estado central para los gastos que revierte en el territorio vasco. Este régimen tan ventajoso se obtuvo en nombre de los “derechos históricos” de Euskadi. Cataluña, por su identidad, reivindica también sus “derechos históricos”: ¿por qué negarle a Barcelona lo que se le otorga a Bilbao?

Negociar de Estado a Estado

El Estatut de 2006 era mucho más moderado que el Estatuto vasco. Permitía mantener la solidaridad a la vez que otorgaba una vasta autonomía fiscal. Una nueva solidaridad que habían aceptado los catalanes. Sin embargo, el recurso presentado por los diputados del Partido Popular ante el Tribunal Constitucional dio lugar a la invalidación de varios artículos del Estatut, sobre todo en cuanto a las disposiciones económicas. Por lo tanto, Cataluña regresó al punto de partida y España dejó pasar una oportunidad histórica de conservar una Cataluña “autonomista”.

Y es que esta invalidación fue una ruptura. En consecuencia, muchos catalanes llegaron entonces a la conclusión que dialogar con Madrid como una mera comunidad autónoma no iba a conducir a nada y que el Estado español, muy beneficiado por el déficit fiscal catalán, no iba a hacer nada para reducirlo. Es más, el Gobierno catalán ha de pedir ayudas al Gobierno central para poder cumplir con sus responsabilidades, si bien estas ayudas seguramente no serían necesarias con un déficit fiscal menor. Por tanto, para una parte de los catalanes, la única opción sería asumir su independencia total para negociar “de igual a igual”. Así pues, el motivo por el cual los catalanes han dejado de aceptar quedarse en España ha sido la negativa del Estado español a tener en cuenta la identidad económica de Cataluña, y no la negativa de los catalanes a ser solidarios.

[Adaptación del texto en francés]

Traducción: Marta Cisa, Inés Delgado, Sander De Meyst y Aimar Fernández

Edición: Rita Fortea, David Mallén, Sandra Simoncini y Anna Valor

Texto original en francés: http://www.latribune.fr/actualites/economie/union-europeenne/20141114tribc166e7f73/l-independantisme-catalan-est-il-un-egoisme.html


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Votación simbólica sobre la independencia en Cataluña: “Solo es un punto de partida”

Se ha llamado a los catalanes a que se pronuncien sobre la independencia de su región. Un voto sin valor legal, pero que moviliza a muchos barceloneses.

DANIEL VINCENT, enviado especial a Barcelona | Francetv info | 9 de noviembre de 2014

Bon dia! Com va? (“¡Buenos días! ¿Qué tal?”). En las calles de Barcelona, el domingo 9 de noviembre, la misma escena se repite mires donde mires. La gente se da besos, se abraza y charla en catalán en las largas colas para votar que rodean escuelas e institutos. Tenía que ser un referéndum sobre la independencia de Cataluña, al final será un “proceso participativo”, una votación simbólica sin valor legal. La Generalitat (gobierno de la región) de Cataluña, además, tiene prohibido “participar activamente” en el proceso.

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Desde que se han abierto los colegios electorales, se han formado largas colas (Daniel Vincent / Francetv info)

Nada de eso desanima a Yuria, de 34 años. “Solo es un punto de partida que nos permite explicar al mundo que no tenemos el derecho de expresarnos”. “¿Quiere que Cataluña sea un Estado?” y “En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”. Estas son las dos preguntas escritas en las papeletas. Yuria votará “sí” y “no”. Las urnas son de cartón, la organización a veces es anárquica pero el ambiente en los colegios electorales es distendido, alegre e incluso festivo. Delante de la escuela Sant Josep Oriol, en el barrio de la Trinitat Nova, Enric, de 81 años, y Cecilia, de 66, están ilusionados: “¡Llevamos esperando este día 300 años! ¡Desde 1714 y la derrota de Cataluña ante los ejércitos españoles de los Borbones!”. La pareja está emocionada por poder votar “sí a salir de España aunque se quede en agua de borrajas”.

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Cecilia y Enric llevan  esperando este día  “300 años” (Daniel Vincent / Francetv info)

Asimismo, Margarita está muy emocionada. A sus 67 años, se acuerda del régimen autoritario de Franco (1939-1975). “Mis padres hablaban a escondidas el catalán y yo no tenía derecho a aprenderlo ni a hablarlo. Estos son mis primeros recuerdos, así que pienso mucho en mis padres y en nuestros antepasados”, cuenta la señora, con un nudo en la garganta. Es un “día histórico” para Margarita, la oportunidad de “decir no al reino de España”. “Con Franco, teníamos una dictadura. Pero ¡a ese régimen de Madrid y a ese rey tampoco los hemos votado!”. 3

Margarita, de 67 años, se acuerda del régimen de Franco (Daniel Vincent / Francetv info)

En las colas, los independentistas radicales se mezclan con catalanes molestos y hartos de la actitud del Gobierno central de Madrid que, en dos ocasiones, ha prohibido que se realice la votación. Albert, un estudiante de 21 años, va a votar en blanco: “más que nada para participar y mostrar a Madrid que no se nos puede estar negando siempre el derecho a expresarnos”. La libertad de expresión está en boca de todos. Poco importa el resultado de la consulta que sin duda será sesgado, ya que los partidarios de mantenerse en España boicotean el voto: lo importante es la participación. “Al fin y al cabo, expresarse y votar son derechos fundamentales”, exclama Lidia, de 54 años, que ha ido a votar con su hijo. “Si el Gobierno de Madrid hubiera aceptado el diálogo, probablemente yo no estaría aquí”, asegura Elisabeth entre calada y calada de su cigarrillo delante de un instituto del barrio turístico y tradicionalmente independentista de Gràcia. Hace nueve meses, esta arquitecta barcelonesa de 41 años cambió el chip: “Me dije ‘basta, ya está bien”. Se afilió a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la principal organización ciudadana a favor de la independencia de Cataluña. El viernes, era una de las personas voluntarias que llamaban aleatoriamente al máximo número de catalanes para que fueran a votar. 4

El viernes, se puso en marcha una plataforma de llamadas para incitar a los catalanes a votar (Daniel Vincent / Francetv info)

Porque la participación es lo único que está en juego en esta consulta sin consecuencias jurídicas. “No se puede prohibir a la gente que se exprese. Madrid ha sobrepasado los límites con sus múltiples prohibiciones. Luchamos por la democracia y seguiremos adelante, esperando ser tantos como podamos”, explica Jaume Marfany, vicepresidente de la ANC, a Francetv info. En el barrio del Eixample, en pleno centro de Barcelona, Cristian espera con su esposa delante de un colegio electoral. “Sin duda, el voto es simbólico, pero cuantos más nos expresemos, más se verá obligado Madrid a tendernos la mano y a aceptar el diálogo. Manifestarnos y votar es todo lo que nos queda frente al rechazo del Gobierno”, afirma este barcelonés de 38 años.

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En las calles de Barcelona, los edificios se visten con la bandera catalana (Daniel Vincent / Francetv info)

A Cristian lo acompaña su esposa, Beatriz, de 33 años. Ella quiere que Cataluña se quede en España. “Soy catalana y voy a votar ‘no’. Para mí, los independentistas exageran. Hay demasiado victimismo, Cataluña no se puede quejar”, explica la joven. Estos comentarios hacen saltar a su marido. “Nuestras discusiones son, sin duda, muy animadas pero nos queremos mucho”, comenta Cristian sonriendo. En la calle, un hombre pasa y la toma con la gente que está en la cola: “¡Lo que hacéis no tiene sentido! ¡Esto es una farsa!”. Aunque sea un día histórico para muchos catalanes, una parte significativa de ellos está preocupada por el diálogo de besugos que se ha establecido entre el Gobierno central y los independentistas. A los partidarios de seguir en España les está costando hacerse oír. Concepción, de 54 años, espera que Madrid “se tome este voto como un acercamiento al diálogo”. Estas palabras hacen sonreír a la gente que pasa.

Traducción: Alba Pérez, Irene Reig, Marina Renovell, Júlia Ritort, Sofie Yde

Edición: Rita Fortea, David Mallén, Sandra Simoncini, Anna Valor

Texto original en francés: http://www.francetvinfo.fr/monde/espagne/referendum-en-catalogne/vote-symbolique-sur-l-independance-en-catalogne-ce-n-est-qu-un-point-de-depart_740401.html


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Independencia: mañana Escocia, pasado mañana Cataluña, ¿más tarde Córcega o el País Vasco?

MICHEL FELTIN-PALAS | L’Express | 8 de septiembre de 2014

Escocia, Cataluña, Flandes: los regionalistas tienen el viento a favor en Europa, excepto en Francia. Hay pocas posibilidades de que Bretaña, Córcega o el País Vasco francés puedan emprender el mismo camino. Veamos por qué.

Europa está viviendo un gran auge independentista en Escocia, en Catalunya o en Flandes. En realidad, esto no es tan sorprendente: el incremento de los regionalismos es fruto de la paz que reina en el continente. En el siglo XIX, los belgas jamás se hubiesen arriesgado a dividirse por una simple razón: los valones habrían sido engullidos por Francia. Sin embargo, este ya no es el caso: la Unión Europea ha hecho imposible que un Estado miembro sea anexionado brutalmente por otro. Ahora, una pequeña región puede soñar sin miedo alguno con su independencia.

Cuando una región rica quiere su independencia se la tacha de egoísta…

Estas reivindicaciones también se explican a causa de la globalización. En una economía cada vez más internacionalizada, los pueblos sienten la necesidad de recuperar las riendas de su destino, de dotarse de instituciones más cercanas que tendrían la impresión de controlar, de encontrarse con sus raíces, de defender su identidad. Los sociólogos incluso han dado un nombre a este fenómeno: “glo-cal”. ‘Glo’ de globalización y ‘cal’ de local.

…cuando una región es pobre se la considera poco realista.

A los partidarios de la independencia se les tacha a menudo de egoístas. Esto no siempre es falso: los escoceses quieren aprovechar su petróleo para salvar su estado de bienestar, los italianos del norte están hartos de pagar por los del sur y los catalanes por los andaluces. Sin embargo, la situación es irresoluble, pues los partidarios de los Estados nación cambian el argumento cuando les conviene. Cuando una región pobre expresa su deseo de independencia, como Córcega, se ríen en su cara y les dicen que no tienen los recursos económicos para independizarse. Estas críticas son contradictorias y muestran, sobre todo, el temor de los Estados, aunque comprensible, al fin y al cabo, de ser desmembrados.

Este temor está particularmente vivo en Francia, antiguo Estado nación que ha intentado reproducir su modelo en otros lugares. Fueron los diplomáticos franceses los que impulsaron la creación de Yugoslavia y de Checoslovaquia después de la Primera Guerra Mundial. Dos creaciones artificiales que acabaron por romperse, una de forma sangrienta y otra de forma pacífica.

Cuando la identidad regional se torna en separatismo Sigue leyendo


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España es indivisible a menos que se modifique la Constitución

CARLOS GÓMEZ-MÚGICA* | Le Devoir (Montreal) | 27 de septiembre de 2014 |

El periódico Le Devoir publicó recientemente, el 18 de septiembre, un artículo firmado por Agustí Nicolau Coll en el cual el geógrafo intentaba establecer una comparación entre la situación de Cataluña y el referéndum de Escocia, sin tener en cuenta que se trata de dos realidades constitucionales muy diferentes. El mismo Alex Simond, primer ministro de Escocia, afirmó que su proceso de consulta no tenía nada que ver con el de Cataluña.

El ordenamiento constitucional británico no escrito permite a Escocia celebrar un referéndum sobre la independencia con la aprobación del Parlamento de Westminster, mientras que la Constitución española establece los siguientes principios:

La soberanía nacional reside en el pueblo español;

Solo la totalidad del pueblo español puede decidir su futuro colectivo;

España es indivisible.

Este último principio se encuentra en casi todas las constituciones escritas del mundo. La decisión del Gobierno español de no autorizar el referéndum en Cataluña se basa, pues, en la ley y en el respeto al Estado de derecho, fundamento de la democracia. El Gobierno no puede infringir la ley autorizando un referéndum contrario a lo establecido en la Constitución, la cual, por supuesto, podría ser modificada, aunque para ello sería necesario seguir el procedimiento previsto en la misma; opción que no ha propuesto ninguna fuerza política de España. El proceso de transición democrática en España, el cual tuve la suerte de presenciar durante mi juventud, es considerado por el mundo entero como uno de los mejores ejemplos de éxito democrático del siglo pasado. La consolidación democrática sobre la base de la Constitución de 1978, aprobada además por el 90,4 % de los votantes catalanes, dio lugar al mejor periodo de crecimiento económico y desarrollo social de nuestra historia.

Los que lideraron este proceso entendieron la voluntad y el compromiso de todos los ciudadanos con los valores democráticos. El pueblo estaba decidido a vivir reconciliado sobre la base de un gran consenso fundamentado en la voluntad de velar por las culturas y las tradiciones, las lenguas y las instituciones que enriquecen a nuestro país. Sobre esta base se ha construido la España democrática, donde hay lugar para todos. Además, ofrece uno de los mayores grados de descentralización del mundo.

España es un país abierto que cada año recibe alrededor de 60 millones de turistas, quienes pueden explicar la realidad española de primera mano. Es cierto que hemos pasado por una larga y dura crisis económica —que, por otro lado, también ha afectado al resto de Europa—, pero también es cierto que, hoy en día, se nos considera como uno de los países que ha llevado a cabo las reformas necesarias, aunque muy duras, para salir de esta crisis. Todos los españoles, juntos, lo están haciéndolo posible. Del mismo modo, Cataluña ha estado con el resto de España incluso antes de 1492, año en que los historiadores consideran que se constituyó España tal como la conocemos. De hecho, ya en las crónicas medievales —escritas en catalán— que datan de los siglos XIII y XIV, podemos encontrar referencias a la españolidad de Cataluña. En una de ellas, un importante noble catalán que viaja por Alemania responde al Emperador**: “Yo soy un Conde de España al que llaman el Conde de Barcelona”.

* Embajador de España en Ottawa

** N. de los editores: En la crónica, escrita por Bernat Desclot, se habla de una emperatriz.

Traducción: Salem Ajmi, Paula Alcaraz, Aina Altimir y Laura Álvarez.

Edición: Rita Fortea, David Mallén, Sandra Simoncini y Anna Valor.

Texto original en francés: http://www.ledevoir.com/international/actualites-internationales/419604/referendum-en-catalogne-l-espagne-est-indivisible-a-moins-d-une-modification-constitutionnelle