El traductor indiscreto

Cataluña a ojos de los francófonos

¿Se puede comparar la Cataluña del 2015 con la Irlanda del 1918?

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Romaric Godin | 05/08/2015 | La Tribune (adaptado)

En las elecciones británicas de diciembre del 1918, una lista independentista obtenía la mayoría de los escaños irlandeses. Tres años después, nacía el primer Estado irlandés. Este escenario seduce a los soberanistas catalanes, pero ¿son casos comparables?

La voluntad de los partidos soberanistas de convertir las elecciones catalanas en un plebiscito sobre la independencia ha evocado a algunos observadores el precedente histórico de Irlanda. Hay quien compara las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 con las del 14 de diciembre de 1918 en Irlanda. Destacan la capacidad del Sinn Fein, el partido independentista irlandés, de convertir unas elecciones generales británicas en un referéndum para decidir si Irlanda seguiría sometida a Westminster. El éxito de esta lista llevó a la creación de un “Estado libre irlandés” en 1921, que desvinculó casi por completo a los condados católicos irlandeses de Londres.

Un largo intento de asimilación
Así pues, la Irlanda del 1918 sería el modelo de la Cataluña del 2015. ¿Pero hasta qué punto es cierto? Existen varios elementos en común, empezando por la construcción de las “naciones” irlandesas y catalanas. A principios del siglo XX, ya hacía mucho tiempo que Irlanda era británica, pues la conquista había empezado en 1169. Del mismo modo, Cataluña es “española” desde la Edad Media, aunque se debe a un proceso diferente. El condado de Barcelona, surgido del Imperio Carolingio, es la base de la Corona de Aragón, uno de los tres reinos que constituían la monarquía española. No obstante, desde finales del siglo XV, el poder se concentró en Madrid. De la misma forma, en Irlanda, el poder inglés se fortaleció gradualmente. En 1801, se votó en Westminster un Acta de Unión. El parlamento de Dublín fue suprimido e Irlanda pasó a formar parte del Reino Unido. Este Acta de Unión no es muy distinto a la supresión de libertades y derechos que se dio en Cataluña después de que las tropas del Rey de España, sobrino de Luís XIV de Francia, tomaran Barcelona el 11 de septiembre de 1714. A partir de entonces, Cataluña pasó a ser cada vez más española, al igual que Irlanda era cada vez más inglesa.

Un particularismo persistente
A pesar de todo, en ninguno de los dos casos se ha extinguido el sentimiento particularista, aunque se ha basado en motivos diferentes. Los irlandeses abandonaron el gaélico en favor del inglés, pero la religión católica se convirtió en un símbolo de sentimiento nacional que se opuso al protestantismo británico. En Cataluña, donde la religión católica es común con el resto de España, es la lengua la que adoptó desempeñó este papel.

En ambos casos, el elemento social juega un papel importante. En el siglo XIX, Irlanda es la zona más pobre del Reino Unido e incluso de Europa. La Gran Hambruna que tiene lugar entre 1846 y 1848 y la lentitud de las ayudas británicas refuerza la idea de que una Irlanda autónoma sería más “protectora” con su población. La situación es diferente en Cataluña, ya que es una de las zonas más ricas de España, pero también es la región donde el movimiento obrero se desarrolla a más velocidad. Por lo tanto, el movimiento independentista tiende a ser más de izquierdas. Así pues, el partido dominante en Cataluña durante la Segunda República Española (1931-1936) es “Esquerra Republicana de Catalunya”, (ERC).

Durante mucho tiempo una preferencia por la autonomía
Último punto en común: tanto Irlanda como Cataluña se decantan durante mucho tiempo por la vía de la autonomía. A lo largo del siglo XIX, la lucha irlandesa consistió en el restablecimiento de un parlamento en Dublín y en la obtención de una “autonomía” (“Home Rule”). El movimiento independentista es entonces minoritario en la isla celta. En las elecciones de diciembre de 1910, los partidarios del “Home Rule” obtienen 102 escaños frente a los escasos 2 escaños que consiguieron los independentistas.

Esta situación se parece bastante a la de Cataluña. Durante mucho tiempo, los catalanes sintieron un gran apego por España y simplemente estaban a favor de un estatuto de autonomía. Durante la Primera República Española (1871-1873), los catalanes reclaman un estado federal. Ni siquiera después, durante la Segunda República, osaron los líderes de ERC proclamar la independencia. Tras el retorno de la democracia, se impone la estrategia de Jordi Pujol, presidente de Cataluña durante 23 años (1980 a 2003), : un mandato que supone numerosos traspasos de competencias de Madrid a Barcelona en el marco del Estado español. El independentismo, representado entonces por ERC, se mantuvo con resultados electorales bastante modestos (sin superar el 16 % en las elecciones autonómicas).

El auge independentista en Irlanda
En ambos casos, el auge independentista se debe a una cierta incapacidad del poder central para reconocer la voluntad de estos territorios y su originalidad dentro del contexto nacional. Sin embargo, la historia es mucho más violenta en Irlanda que en Cataluña.

La chispa que encendió el sentimiento independentista en la isla celta es el Alzamiento de Pascua de 1916 en Dublín. Activistas nacionalistas armados toman el control de varias instituciones oficiales de la ciudad y proclaman la independencia de “la “República de Irlanda”. El ejército británico interviene violentamente para reprimir esta acción que en aquel momento no contaba con el apoyo de los habitantes de la ciudad. La represión indiscriminada que se le impone al país es lo que cambia rápidamente la opinión popular.

El partido independentista Sinn Fein, hasta entonces marginal, se convierte en la fuerza política irlandesa dominante. La mayoría de irlandeses católicos consideran que ya no es posible permanecer en el Reino Unido y convivir con los británicos. Eamon de Valera, durante un congreso en octubre de 1917, consigue federar a todos los movimientos a favor de la separación de Londres, sin importar su “color” político. Es ese movimiento el que obtiene 74 de los 105 escaños irlandeses (excepto en la provincia de Úlster) en las elecciones generales de diciembre de 1918.

El auge independentista en Cataluña
En Cataluña, aunque el movimiento es menos radical y menos violento, es bastante similar. En 2010, la decisión del Tribunal Constitucional del Estado de no validar el Estatuto catalán de 2006 provocó un fuerte auge independentista. Muchos catalanes también sintieron que ya no resultaba posible permanecer en una España que rechazaba transferir más competencias a su comunidad autónoma. Este sentimiento se intensificó todavía más con la política de austeridad llevada a cabo por el gobierno de Rajoy, que provocó que muchos estimaran que el estado de bienestar solo era posible en el ámbito catalán. Por último, la negativa de Mariano Rajoy a las demandas de evolución de los catalanes, sus bloqueos a los proyectos de un referéndum, consiguieron reforzar un independentismo que hoy por hoy representa al menos al 40 % de los votantes catalanes.

El fenómeno más significativo de esta evolución fue la conversión al independentismo del partido de Jordi Pujol, CDC, que puso fin a su coalición con los democristianos nacionalistas. Su líder, el actual presidente de Cataluña Artur Mas, ha jugado el papel de Eamon de Valera y el 20 de julio de 2015 ha creado una lista única para la independencia, que reagrupa a su partido, más bien centrista, y ERC. Sin embargo, hay una diferencia: la extrema izquierda independentista, la CUP, no se ha unido al movimiento.

La cuestión del irredentismo
Así pues, el paralelismo es sorprendente. Sin embargo, existen algunas diferencias. La situación irlandesa estuvo marcada por el conflicto de Úlster, región habitada mayoritariamente por protestantes que una parte de la población católica consideraba como “colonos”. En Cataluña no se da una situación parecida, ya que el “nacionalismo” es abierto e incluye a castellanohablantes y a españoles llegados desde otras comunidades autónomas. Por lo demás, Cataluña es mayoritariamente castellanohablante y desde el referéndum del 9 de noviembre de 2014 se ha observado que una parte de los no catalanohablantes están a favor de la independencia. Es cierto que algunos independentistas catalanes reivindican la unidad de todos los territorios de habla catalana, los “Països catalans” (Países catalanes), pero no se trata de la posición oficial del movimiento soberanista, que limita claramente su ambición a Cataluña.

La cuestión de la violencia
Otra diferencia: el uso de la violencia. El proceso de independencia irlandés es un proceso violento. La historia de la ocupación inglesa en Irlanda es una historia de levantamientos armados reprimidos. En gran parte, es esta lucha lo que hizo inevitable la ruptura con Londres.

El independentismo catalán también conoció movimientos violentos, especialmente durante el franquismo, pero también en los años 1980 con la organización “Terra Lliure” (Tierra Libre). Pero estos movimientos siempre han sido muy marginales, a diferencia de lo ocurrido en el País Vasco. El independentismo catalán siempre ha sido un movimiento pacífico, comprometido con la legalidad. Es por eso por lo que Artur Mas decidió no hacer del referéndum del 9 de noviembre de 2014 un elemento de ruptura con Madrid, a pesar del triunfo del “sí” a la independencia.

La “Guerra de la Independencia” irlandesa
La victoria del Sinn Fein en 1918 en Irlanda no condujo pacíficamente a la independencia. Es cierto que los diputados del Sinn Fein se reunieron el 21 de enero de 1919 en Dublín para constituir el Dáil, el parlamento irlandés, que reiteró la proclamación de 1916. Esto se parece a lo que desean hacer los catalanes en caso de victoria de la lista unitaria: una proclamación de soberanía. Pero, ¿y después? Los catalanes quieren negociar con Madrid. Los irlandeses por su parte se negaban a negociar con Londres. Y Londres no quería negociar con ellos.

Así pues, la situación degeneró rápidamente. Ese mismo 21 de enero de 1919, se registró un primer ataque del Ejército Republicano Irlandés, el IRA, en el condado de Tipperary. Pronto, las escaramuzas degeneraron en una verdadera guerra, llamada “The Troubles” (Los Disturbios) en Londres. Unos “disturbios” que duraron dos años y que estuvieron plagados de verdaderas atrocidades. Esta “Guerra de la Independencia” contra un Reino Unido desgastado por la Guerra Mundial y la presión de los estadounidenses, influenciados por De Valera, explican que al final Londres aceptara dar a Irlanda una gran autonomía.

Una posible negativa de Madrid a negociar
En caso de victoria el 27 de septiembre, los independentistas catalanes también podrían enfrentarse a dificultades similares. Si los independentistas piden abrir la puerta al diálogo, Madrid podría rechazar tajantemente el proceso separatista. Es la posición de Mariano Rajoy quien declaró poco antes de las elecciones que “Cataluña nunca se independizará”. En caso de victoria del Partido Popular de Rajoy y de una alianza entre este último y Ciudadanos, partido procedente del unionismo catalán, en las elecciones de noviembre, se corre el riesgo de enfrentarse a un verdadero bloqueo. Sin embargo, incluso un gobierno de izquierdas o centrista podría no aceptar el resultado de las elecciones catalanas, como Londres no aceptó el resultado de la votación de 1918. Así pues, el gobierno de Barcelona deberá escoger una vía. Si decide perseguir la idea de la construcción de un Estado catalán, Madrid podría utilizar el famoso artículo 155 de la Constitución española que permite “adoptar las medidas necesarias para obligar a una comunidad autónoma al cumplimiento de sus obligaciones”, especialmente cuando una de estas comunidades “actúa de forma que atente gravemente al interés general de España.”

¿Cómo responder a un bloqueo de Madrid?
En ese caso ¿cómo se debería responder? ¿Mediante la secesión, como prometen los independentistas? Pero entonces, si realmente Madrid responde con el uso de la fuerza para impedir esta secesión ¿qué sucederá? De manera irremediable, la pregunta que se planteó a los independentistas irlandeses de 1919 a 1923 se planteará a los independentistas catalanes. ¿Será necesario responder a la fuerza por la fuerza para obligar a Madrid a negociar, a riesgo de hacer perder popularidad a la causa? ¿Será necesario llegar a un acuerdo? ¿Habrá que permanecer dentro de la legalidad española? ¿Cómo apelar a la solidaridad internacional mientras que, como en el caso de la Irlanda de 1919, los grandes países europeos observan con desconfianza el movimiento catalán? ¿Podrá o sabrá la Unión Europea actuar como mediadora? Definitivamente, el caso irlandés es un caso útil para la reflexión a que se deben entregar los independentistas catalanes.

Traducción revisada por Ana Alarcia, Alicia Astorza, Júlia Llàcer, Laura López

Texto original en francés: 

http://www.latribune.fr/economie/union-europeenne/la-catalogne-de-2015-est-elle-comparable-a-l-irlande-de-1918-496658.html

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