El traductor indiscreto

Cataluña a ojos de los francófonos

Independencia: mañana Escocia, pasado mañana Cataluña, ¿más tarde Córcega o el País Vasco?

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MICHEL FELTIN-PALAS | L’Express | 8 de septiembre de 2014

Escocia, Cataluña, Flandes: los regionalistas tienen el viento a favor en Europa, excepto en Francia. Hay pocas posibilidades de que Bretaña, Córcega o el País Vasco francés puedan emprender el mismo camino. Veamos por qué.

Europa está viviendo un gran auge independentista en Escocia, en Catalunya o en Flandes. En realidad, esto no es tan sorprendente: el incremento de los regionalismos es fruto de la paz que reina en el continente. En el siglo XIX, los belgas jamás se hubiesen arriesgado a dividirse por una simple razón: los valones habrían sido engullidos por Francia. Sin embargo, este ya no es el caso: la Unión Europea ha hecho imposible que un Estado miembro sea anexionado brutalmente por otro. Ahora, una pequeña región puede soñar sin miedo alguno con su independencia.

Cuando una región rica quiere su independencia se la tacha de egoísta…

Estas reivindicaciones también se explican a causa de la globalización. En una economía cada vez más internacionalizada, los pueblos sienten la necesidad de recuperar las riendas de su destino, de dotarse de instituciones más cercanas que tendrían la impresión de controlar, de encontrarse con sus raíces, de defender su identidad. Los sociólogos incluso han dado un nombre a este fenómeno: “glo-cal”. ‘Glo’ de globalización y ‘cal’ de local.

…cuando una región es pobre se la considera poco realista.

A los partidarios de la independencia se les tacha a menudo de egoístas. Esto no siempre es falso: los escoceses quieren aprovechar su petróleo para salvar su estado de bienestar, los italianos del norte están hartos de pagar por los del sur y los catalanes por los andaluces. Sin embargo, la situación es irresoluble, pues los partidarios de los Estados nación cambian el argumento cuando les conviene. Cuando una región pobre expresa su deseo de independencia, como Córcega, se ríen en su cara y les dicen que no tienen los recursos económicos para independizarse. Estas críticas son contradictorias y muestran, sobre todo, el temor de los Estados, aunque comprensible, al fin y al cabo, de ser desmembrados.

Este temor está particularmente vivo en Francia, antiguo Estado nación que ha intentado reproducir su modelo en otros lugares. Fueron los diplomáticos franceses los que impulsaron la creación de Yugoslavia y de Checoslovaquia después de la Primera Guerra Mundial. Dos creaciones artificiales que acabaron por romperse, una de forma sangrienta y otra de forma pacífica.

Cuando la identidad regional se torna en separatismo

De hecho, hay varias soluciones para que regiones diferentes permanezcan unidas: la fuerza y la flexibilidad. China mantiene el Tíbet bajo su yugo mediante la coacción: este, evidentemente, no es un modelo a seguir. En cambio, Alemania lo consigue de manera democrática. Ha dado a sus Länder tanta libertad que nadie piensa en abandonar la República Federal. Se podría decir lo mismo de Suiza. Sin embargo, este enfoque no es siempre infalible. Según algunos, el hecho de que España haya dejado demasiada libertad a sus regiones es lo que ha alimentado la voluntad independentista que podemos ver en el País Vasco o en Cataluña. Evidentemente, Francia no es una dictadura, pero la forma en que trata a sus minorías es a menudo criticada. También somos uno de los pocos Estados que aún no han ratificado la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias. Cuando Manuel Valls era ministro de Interior incluso se negó a que los vascos franceses dispusieran simplemente de una administración territorial propia. Sin temor a la contradicción, Francia apoya a los quebequenses cuando defienden su identidad cultural en Canadá, pero se niega a conceder los mismos derechos a sus culturas regionales en nombre de la unidad nacional…

En Francia ha sido necesario un Estado fuerte para que pueblos diferentes convivan.

 Y es que Francia es una nación culturalmente heterogénea. En su origen, no había ninguna razón que hiciera pensar que Alsacia, Bretaña y Córcega un día estarían en un mismo país. Para mantener firmemente unido un conjunto tan diverso, el Estado ha tratado de eliminar las culturas locales. Lo que el país ha ganado en unidad, lo ha perdido en diversidad. Y aún no se ha encontrado un buen equilibrio.

Traducción: Judith Gallardo

Edición: Rita Fortea, David Mallén, Sandra Simoncini y Anna Valor.

Texto original en francés: http://www.lexpress.fr/region/independance-demain-l-ecosse-apres-demain-la-catalogne-plus-tard-la-corse-la-bretagne-et-le-pays-basque_1573776.html

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